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martes, 16 de marzo de 2010

Lo importante es que hablen... aunque sea bien

Está claro, en esta vida lo importante es que hablen de uno... aunque sea bien.

Hoy, alguien a quien quiero muchísimo, me ha explicado algo que, lejos de sorprenderme, me ha hecho darme cuenta de hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano. Dalai Lama dijo allá por el siglo XIV que la bondad es la esencia del ser humano, pero yo, sin ser religioso ni excesivamente espiritual, no tengo más remedio que cuestionarme dicha sentencia.

Hay personas que tienen tanta pobreza e infelicidad en su interior, que necesitan, cual parásito, de algo que pueda enriquecer sus insulsas vidas. Normalmente, este tipo de personas, practican el innoble deporte de poner a parir a las personas que tienen a su alrededor. Dedican su tiempo, y el de los demás, a insultar y ofender a otras personas por el simple hecho de existir. Una existencia que hace la de ellos triste. Viven sumidos en la más denigrante envidia. Una envidia que hace que no puedan afrontar la realidad en la que todos tenemos que vivir. Una envidia que hace que vean en los demás defectos que en ellos son superlativos y no saben ver.

Mi padre siempre me ha dicho que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y eso es algo que yo tengo claro, porque ya lo he visto. Produce sensaciones muy agradables, aunque me llames malo, el poder ver cómo una persona se pone totalmente en evidencia tras poco o mucho tiempo encabronando al resto del personal. Sé que no debería de haberlo dicho así, pero es que no puedo evitarlo, yo también soy humano, como tú, y seguro que eso lo tenemos en común. Estoy seguro que libera endorfinas a tutiplén, como para alicatar un cuarto de baño.

El problema muchas veces es que la persona objeto de estos patanes puede pasarlo mal. No hace honor al dicho aquel de que “No hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Supongo que es complicado convivir con estas personas tanto tiempo día tras día. Cabrea ver gente así. Cabrea estar sentado detrás de ellos y ver cómo, con la más absoluta impunidad, escriben correos electrónicos insultándote. Cabrea ver cómo pierden su tiempo viendo webs sobre belleza o cosas tan divertidas y profesionales como brujería y conjuros.

Yo, desde aquí, quiero decirte algo si sufres temas parecidos. Piensa en las personas con las que te llevas bien. Piensa en lo positivo. Ellos, como en su vida tienen muchas carencias, tienen la necesidad de ocupar parte de su tiempo pensando en ti. Eso es un signo de que eres alguien que estás muy por encima de ellas. Tu vida es mucho más rica, no necesitas estar hablando ni pensando en personas que no aportan nada en tu vida. Acércate a ellos y dales las gracias por hablar de ti… aunque sea bien

No entres al trapo. Que les den. Tú eres mejor persona. Eres mejor profesional. Que sigan perdiendo el tiempo en esas cosas. A todo cerdo le llega su San Martín, no te preocupes por ello, eso es casi una certeza absoluta.

Una frase para ellos “Errar es humano, echar la culpa a otro es todavía más humano.”

Que vaya bonito,
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viernes, 12 de marzo de 2010

Espíritu libre

Hace mucho tiempo que no comparto contigo una canción de las que a mí me gustan. Aquellas que yo siempre digo que forman parte de la banda sonora de mi vida.

Esta mañana tengo un dolor de cabeza horrible. Las ideas no fluyen excesivamente bien. Así que usar la muletilla del vídeo no me va a venir mal del todo.

Sí que quiero recordarte que por norma, intento decir algo cuando pongo un vídeo. En esta ocasión no va a ser una excepción.

Lo que expresa esta canción interpretada por Sting es un estilo de vida. Es el que a mí me gusta, de hecho, es el único que puedo tener. Si eres espíritu libre, entenderás a la perfección lo que quiero decir.

No tengo quejas al respecto. Mi vida se ha movido casi siempre por este camino. Nunca nadie ha intentado cortar las alas, y si lo ha intentado, ya no viaja en el mismo barco que yo...

A veces no es fácil dar con un compañero o compañera de fatigas que comparta este "way of life". En mi caso la encontré, por fortuna. Eso de que los polos opuestos se atraen, creo que no tiene mucha confirmación en este tema, más bien creo que, en temas de relaciones, los polos apuestos son los que se atraen (recuerda House, el nueve con el nueve, el cinco con el cinco, no puede unirse un cinco y un nueve). Bromas aparte, no soportaría estar con alguien celoso que no me permitiera tener mi propio rinconcito de vida...



Espero que te guste y te anime un poco la mañana si acaso puedes escuchar la canción ahora.

Si no hablamos, que tengas un buen fin de semana...

Que vaya bonito,
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jueves, 11 de marzo de 2010

Pecados capitales

Si una película me marcó en mayor o menor medida, esta fue la titulada "Seven". Supongo que la recuerdas, creo que casi todos la hemos visto.

Una película en la que el ambiente inicial, y por el cual discurre toda el metraje, ya te introduce en lo que va a ser un clima sobrecogedor que te empuja hacia la tensión por la cual vas navegando hasta el final. No voy a explicar aquí la película, pero sí que quiero incidir en el tema de la misma, los siete pecados capitales.

El cristianismo los menciona en sus inicios, y enumeran lo que denomina como los peores vicios del ser humano:

Lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Analilzando cada uno de ellos, te das cuenta de que todos te llevan por caminos que te conducen hacia un futuro incierto, manchado por la soledad y el fracaso definitivo.

Como ya te he comentado alguna vez, no comparto las creencias eclesiásticas de la Iglesia romana, católica y apostólica, pero sí que veo gran contenido ético y moral en alguno de los pasajes de la Biblia, libro que tuve que leerme durante mi educación en colegios religiosos durante mi infancia y adolescencia. Es un libro cargado de enseñanzas que te pueden guiar hacia lo que sí que considero grandes valores éticos y morales.

Creo que todos y cada uno de nosotros lleva esos denominados pecados capitales grabados a fuego en su propia naturaleza humana. Los practicamos. Con mayor o menor vehemencia, pero los practicamos. Como se lee en otro pasaje del denominado nuevo testamento, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

En muchos momentos de nuestra vida sentimos lujuria, y, a mi modo de ver, no es malo. Por mucho que algunas personas quieran demonizarla, sin ella, quizás ni siquiera estaríamos en este mundo.

¿A quien no le gusta comer bien? Compartir una buena comida (estamos hablando de la gula, no de la lujuria) es siempre un placer. Un placer que, en muchas ocasiones, nos arrastra hacia el resto de pecados capitales. Nos arrastra a una pereza posterior, quizás representada por nuestra famosa siesta. Si la siesta la haces en compañía, nos puede arrastrar hacia la lujuria más salvaje. Esa lujuria nos arrastra hacia la avaricia, cuando queremos más y más. La envidia, cuando nuestro compañero o compañera de alcoba disfruta mucho más que nosotros. La soberbia, cuando acabamos y vemos que lo hemos hecho a lo grande, o la ira, si no ha sido de nuestro agrado o bien nuestro hermano pequeño no ha estado a la altura. Si la ira no aparece, entonces volvemos a caer en los brazos de la pereza.

Dicho lo dicho, y perdóname por haber hilado el párrafo anterior, lo que sí que es cierto es lo del fracaso. Si nos centramos única y exclusivamente en cualquiera de esos pecados, llega un momento en que somos esclavos de ellos y olvidamos el resto de nuestras virtudes.

Quién no ha oído alguna vez que alguien está en una clínica de para adictos al sexo. Quién no ha oído hablar de alguien a quien han echado del trabajo por ser un vago. Vemos a personas cargadas de vanidad, normalmente con categorías superiores a nosotros, que fracasa estrepitosamente en las relaciones personales con sus compañeros, y está seguro de su posición, está seguro de que está en poder de la verdad, olvidando siempre lo más importante de la vida.

Pienso que todos esos pecados capitales están bien. Los sentimos. No podemos hacer nada por luchar contra ellos. Algunos, usan el castigo físico auto infligido. Otros, sencillamente se confiesan ante un señor que representa a una u otra religión. Otros, sencillamente, intentamos disfrutar del momento. Otros, le quitan importancia, llamando, por ejemplo, a esa envidia, sana.

Pequemos. Disfrutemos. La vida son cuatro días. Hay que pasarlo lo mejor posible. No hagamos daño a los demás, no les molestemos. Dejémonos arrastrar hacia el placer siempre que sea posible, siempre que sea consentido y de mutuo acuerdo. No luchemos contra nuestra propia naturaleza. Quizás, limitemos esa naturaleza para no caer en catástrofes que aparecen cada día en las noticias a nivel internacional. Nunca olvidemos que cualquier derecho siempre conlleva obligaciones. Respetemos a los demás. Respetemos su juicio. Respetemos sus valores. Pero que nadie, absolutamente nadie, nos juzgue por esos pecadillos.

Paz y amor a los hombres de buena voluntad… y que saben disfrutar de cualquier cosa que hagan.

Que vaya bonito,
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miércoles, 10 de marzo de 2010

El tercer tiempo

Existe un deporte que, aunque todos hemos oído hablar de él, algunos desconocemos casi por completo.

Es un deporte que, a priori, destaca por su apariencia violenta. Un montón de tíos corriendo con un balón en forma de melón. A la mínima se tiran los unos encima de los otros. Tíos enormes. A buen seguro que uno de los golpes que se dan, acabarían con mis huesos en el hospital.

Pero si te fijas, no es un deporte eminentemente físico, que también lo es. Es un deporte en el que hay que ser inteligente. Como en casi todos los de equipo. Hay tácticas. Tiene unas reglas complejas. No es fácil de entender. Afortunadamente tampoco es como el llamado fútbol americano, un pelín más violento y comercial, si cabe.

El rugby es uno de los deportes olvidados. No es mayoritario, aunque lo juega más gente de la que tú y yo pensamos. Tiene grandes torneos a nivel europeo. Hay países en que es uno de los deportes rey.

Pero mi entrada de hoy no quiere ensalzar tan maravilloso deporte. Sobre todo, porque igual la cago. Lo que intento explicarte hoy es el "tercer tiempo". Si buscas por internet, seguro que lo encuentras. En ese tercer tiempo, todos los jugadores de ambos equipos se van juntos a compartir unas cervezas (o lo que sea) sin importar nada más que el poder charlar y limar las asperezas que hayan podido ocurrir durante el partido. Creo que es un claro ejemplo de algo que deberíamos poner en práctica en la vida real.

Por mi trabajo, en el que voy de un cliente a otro, a veces parece que estemos en continua competencia contra alguien. Ya sea personal del cliente u otras empresas que hacen más o menos lo mismo que nosotros. Hay veces que no puedes hablar porque pueden estar espiándote. No queremos compartir mesas con alguien del "enemigo". A mí eso me desgasta. Yo intento siempre llevarme más o menos bien con todo el mundo. Creo que lo consigo. No hago muchas diferencias cuando comparto espacio con otras personas de otras empresas. Creo que mucha gente puede corroborar eso. Hay algunos con los que no me llevo tan bien, pero te aseguro que eso me sucede con compañeros de mi propia compañía.

Creo que deberíamos instaurar ese tercer tiempo en nuestra vida cotidiana. Salir del trabajo a horas normales e ir a tomarnos unas cervezas por el mero hecho de estar compartiendo un tercio del día bajo el mismo techo. A menudo estamos delante de una persona meses y meses y lo único que sabemos de ella es la empresa para la que trabaja... a veces no sabemos ni cómo se llama. No nos paramos a pensar que igual hay una persona estupenda con la que podríamos compartir una buena conversación o unas risas.

Apliquemos el tercer tiempo al resto de cosas que hacemos durante el día. Dedica cinco minutos a conocer a las personas con las que compartes tu día a día. Olvida todas las tonterías que tenemos todos en la cabeza. No somos enemigos por naturaleza.

Yo estoy seguro de que me estoy perdiendo el poder disfrutar de la amistad de alguien que convive conmigo y que ni siquiera conozco.

Cuando estuve en Horsham tuve el placer de conoce a una persona durante un par de semanas. Sólo dos. Diez días laborables, quizás menos. Te puedo decir que R. es un tío grande, un crack, una de aquellas personas que igual no hubiera conocido en otro lugar o de otra forma y de las que hoy me siento orgulloso de poder contar con él entre mis amigos.

Como diría Russel Crowe en Gladiator:

Fuerza y Honor

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martes, 9 de marzo de 2010

Amigos... ¿Dónde están hoy?

Estoy en casa. Voy de la cama al sofá y del sofá a la cama. Llevo desde ayer fastidiado. Pensaba que hoy estaba mejor, pero a estas horas debo reconocer que no me encuentro muy para allá. Tengo un dolor en la zona lumbar que empieza a ser engorroso. Al final, he tenido que echar mano del proyecto Ibuprofeno. No preguntes por la palabra proyecto, cosas mías... y de mi estancia en UK.

La cuestión es que me cuesta caminar, me duele la cabeza, me duelen los tobillos, las rodillas, las muñecas... me duelen las puntas de los dedos cuando escribo.

He estado retrasando la visita al médico pensando que se me pasaría en dos días, pero esta gripe está claro que no me va a soltar así como así. Desde Julio del dos mil ocho no recordaba haberme encontrado tan mal.

Encima estoy solo en casa. Y en estos momentos te das cuenta de que por muchos amigos que tengas, estás realmente solo. Creo que me han llamado un par de ellos. Con alguno he hablado a través del messenger y alguno me ha enviado un correo electrónico, aunque de eso no estoy seguro.

Todos nos echamos mucho de menos, pero a la hora de la verdad, cuando realmente te encuentras mal, es cuando te llevas alguna pequeña decepción. Crees que hay personas que son amigas tuyas, que se preocupan por ti, que te quieren, pero cuando llega un momento en el que te encuentras mal, te aburres y no tienes con quien hablar, el teléfono no suena y el timbre de la puerta tampoco.

Supongo que me lo debo merecer por algún motivo, ¿no? Incluso la familia más directa ha dejado de llamarme. Aunque ahí sí que sé que existe un motivo. Un motivo, por otra parte, aparentemente carente de cualquier tipo de lógica, pero un motivo...

A mí nunca se me ha permitido ni estar serio ni estar enfermo. No me preguntes el por qué. Siempre he visto que la gente quiere estar conmigo cuando estoy bien, pero cuando estoy mal, tienen la tendencia a mantener las distancias. Seguramente será porque me pongo imposible o porque sencillamente los demás piensan que quiero estar solo y que nadie se me acerque. Quién sabe.

La única realidad es que me encuentro mal y, en algunos momentos del día, me siento solo.

Dicen que para comprender la vida hay que mirar hacia atrás y para vivirla hacia delante. Como te decía ayer, ahora ya miro en esa dirección. Ya no voy a intentar comprender cosas del pasado, me dedico a vivirla. El que quiera estar conmigo, ya sabe que soy amigo de mis amigos, el que, sea cual sea el motivo, decida no estar conmigo, será su decisión. Las decisiones de los demás hay que respetarlas. Sólo preguntaré una vez. A partir de aquí, quizás se separen caminos que quizás iban relativamente en el mismo sentido. A partir de aquí, quizás esos caminos vuelvan a encontrarse en algún momento, yo siempre estoy ahí, abierto a una buena conversación, abierto a reencontrarme con amigos que a veces se van de viaje para luego regresar a casa.

“¿Quieres un amigo fiel? Cómprate un perro.” (No me la creo, pero prefiero reírme que echarme a llorar)

I want to believe,
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lunes, 8 de marzo de 2010

La vida es bella

Me pierdo en los detalles.

El otro día le decía eso mismo a un buen amigo. Pero se lo reprochaba a él. No hablaba de mí. Claro. Es más fácil decirle algo así a otra persona que reconocerlo.

Pero hoy, tumbado en la cama, con un gripazo que hace que me duela hasta el último pelo de la cabeza, me doy cuenta y reconozco que me pierdo en los detalles.

Me explico.

Siempre he pensado que los pequeños detalles son aquellos que hacen que la vida se pueda ver desde un ángulo que la convierta en algo un poquito más maravillosa, algo más llevadera. No te equivoques, sigo pensándolo. Pero a veces me pierdo tanto en los detalles, que descuido mi felicidad, mi paz interior, mi yo...

La vida es maravillosa. Estos últimos meses, quizás este último año, aunque he podido disfrutar de muchas cosas, me he perdido en tantos detalles, que a veces me he olvidado de lo más importante.

Por desgracia, eso no me pasa sólo a mí. Nos perdemos demasiado en cosas que no tienen importancia. Miramos nuestro ombligo. Esperamos de los demás… Al final, tanto detalle, tanto esperar, tanta generación de expectativas, hacen que nos arriesguemos en caer en el más profundo de los fracasos. Nos dejamos abrazar por la decepción más vehemente.

Mi padre siempre hace mucho hincapié en enseñarme algo. Lo repite una y otra vez. Creo que hasta el momento en que estoy escribiendo estas líneas, no había entendido la globalidad de lo que él ha querido decirme durante tantos años.

Dice que "es más importante dar que recibir"….

Vale. Lo puedo ver. Ya estás con las bromitas. Dar… Recibir… Mi padre también me hace bromas a veces con eso… Acaba la frase con aquello de “Pero apunte, Sr. Juez, que el que daba era yo…”

Bromas aparte, entiendo ahora que es mejor dar que recibir, porque así no creas expectativas. Sencillamente eres más feliz. Estás más por lo que debes estar y no te pierdes en tonterías que te hacen ser más infeliz.

Yo, hoy, soy un poquito más feliz. Me he dado cuenta de que tengo casi todo lo necesario para que mi vida sea bella. Hay cosas que mejorar, seguro, pero son detalles, detalles en los que ya no voy a perderme, detalles que no van a hacer que no sea feliz. Detalles que no desviarán mi rumbo de la senda de la paz interior, el primer paso para esa felicidad.

Hoy nieva en Barcelona, pero se ven los rayos del sol iluminando el horizonte. Si miro con un ápice de atención, seguro que seré capaz de distinguir el Arcoíris, el “Arc de Sant Martí”, cómo lo llamamos aquí. Hoy stoy más cerca de esa paz que buscaba el sábado pasado.



Disfruta de la vida. Disfruta de aquello que es capaz de hacerte feliz. Aprende a mejorar todo lo que es susceptible de ensombrecer tu camino, y si no puedes, descártalo.

Recuerda el proverbio chino “Si un problema no tiene solución, ¿por qué te preocupas?, y si la tiene ¿por qué te preocupas?”.

Que vaya bonito,
àlex Seguir leyendo...

sábado, 6 de marzo de 2010

PAZ

Si buscas esa bonita palabra en Internet, aparecen infinidad de resultados. Por supuesto, como no... También aparece Paz Vega.

Pero no me quiero desviar. La historia del hombre siempre ha estado rodeada por la violencia, las guerras, la destrucción... Todo lo contrario a la paz.

Hoy, vas por la calle, en coche, caminando, es igual, y cualquier pequeño detalle puede desencadenar en una discusión con alguien. Hay personas con cierta facilidad para la violencia. Desgraciadamente, yo he conocido a muchas así, demasiado cerca a veces. Esa violencia no es siempre física. En muchas ocasiones es violencia verbal, que puede hacer incluso más daño que la física, y dejar más secuelas.

Sobre la paz de ha escrito mucho. Muchas frases. Se pueden encontrar en Internet con facilidad...

La primera frase que incluye la palabra paz y que yo recuerdo es una que dice algo así como “Luchar por la paz es como follar por la virginidad”. Que frase más grande. Tanto significado en tan pocas palabras. Lo malo es la palabra malsonante, pero es que aquí no la podía quitar. Hoy día, decimos que tenemos los ejércitos para asegurar la paz. Suena fuerte. Pero al parecer es así. Si no, fíjate en Irán. Nadie tiene pelotas a entrar allí como hicieran en Irak o Afganistán. Ellos tienen un ejército y un potencial bélico que les asegura la paz. Bueno. Es una forma de verlo.

Mahatma Gandhi dijo que “No hay camino para la paz, la paz es un camino”. Entiendo que es la paz, entonces, es una filosofía de vida. No puedes trabajar para llegar a la paz. Aunque, claro, que se lo digan a Israel y Palestina… Ellos, junto con otros, parecen estar toda la vida trabajando para llegar a la paz. Mientras, se van matando entre ellos. Mueren niños inocentes. Gente que, en circunstancias normales, vivirían tranquilamente o, al menos, en esta tranquilidad relativa en la que vivimos nosotros.

A mí, la que más me gusta es una que atribuyen a la Madre Teresa de Calcuta: “La paz empieza con una sonrisa”. Imagino que ya sabes por qué me gusta tanto… La sonrisa es algo tan… increíble. Yo me enamoro de una sonrisa. Así, sin necesitar nada más. Creo que una sonrisa es un buen principio, en ocasiones también es el mejor final, pero sobre todo, es el mejor canal en el que podemos sintonizar con el resto de la gente que nos rodea.

A veces, ni siquiera estoy en paz conmigo mismo, ya lo sabes, te lo he dicho durante estos casi catorce meses en más de una ocasión. Si uno no está en paz consigo, es difícil que esté en paz con los demás. En mi caso, nunca estoy en paz porque siempre quiero algo más, nunca me conformo con nada. Cuando consigo llegar al tres, entonces quiero llegar al cuatro. Siempre es lo mismo.

Leía el otro día una entrevista a un hombre del pueblo Tuareg. Explicaba que en su vida cotidiana sólo se dedicaban a pastorear. Nada más. No necesitan nada más. Eso hacía que tuvieran mucho tiempo para poder disfrutar de cosas tan sencillas como mirar las estrellas por la noche. Recuerdo que finalizaba la entrevista con una frase que me dió la esencia para conseguir esa paz. Decía "Vosotros tenéis relojes, nosotros tenemos el tiempo".

Ellos no corren, no buscan, no necesitan más. Las necesidades que nosotros tenemos son las que hacen que se tambaleen los cimientos de la paz. Nuestras necesidades mundanas son las que hacen que luchemos y nos matemos entre nosotros.

Si me encontrara cara a cara con la paz, no tengo excesivamente claro qué le diría. Supongo que lo primero sería decirle que la echo mucho de menos. Quedarme en el tres sin querer llegar al cuatro, estaría bien. Que me gustaría que me rodeara con sus brazos y me transmitiera tranquilidad, esa tranquilidad que busco y no encuentro. Esa tranquilidad que supongo que todos buscamos. Tranquilidad y relax, en definitiva, paz. ¿Tú lo dejarías todo por tan ansiada paz?

Espero que tú también encuentres tu lugar en esa paz. Espero que consigas llegar a un equilibrio que se contagie a todos los que te rodeen. De ese modo, uno por uno, igual conseguiríamos el sueño al que cantaba John Lennon en su canción Imagine.

¿Te lo imaginas?

Paz... y una sonrisa,

àlex Seguir leyendo...

jueves, 4 de marzo de 2010

Esto es una declaración de buenas intenciones

Mi amigo X., sin quererlo, me ha puesto a huevo un ejemplo sobre el tema de las declaraciones de buenas intenciones.

Esta noche ha colgado el enlace a un vídeo de youtube. Un vídeo que tal y como él bien dice, es espectacular. Reconozco que a mí me ha parecido también muy bueno. A nivel de organización es perfecto. Me ha recordado un poco a los de "Playing for Change", aquellos del maravilloso "Stand by me" cantado alrededor del mundo, espero que lo recuerdes tú también, si no, búscalo si quieres, creo que lo publiqué la última semana de enero.

Lo que te decía, que siempre me lío. El vídeo es chulo. Salen 57 artistas cantando aquella canción de “We are the World” que hace tantísimos años cantó un montón de gente liderada por Michael Jackson. En aquel vídeo, salían un montón de artistas híper conocidos. Ahora no lo recuerdo muy bien, pero juraría que lo hicieron para ayudar a África, un continente que aún hoy día sigue padeciendo lo indecible.

En esta ocasión, la canción es por Haití. Por esa desgracia tan enorme que ha sacudido nuestro planeta.

Hay otras ocasiones en que un grupo de gente se reúne por ayudar a alguien. Y no está nada mal.

Mi problema es que yo pienso que esto es como las declaraciones de buenos principios de las que te hablaba ayer. Las hacemos, y nos cuesta muchísimo mantenerlas. Pienso que estos actos son exactamente lo mismo. Son un momento. Un segundo. Durante un corto espacio de tiempo, esas personas por las que se monta todo ese tinglado, abandonan un anonimato, como grupo, país o continente, para que todos pensemos aquello de… pobrecitos, que mal lo están pasando, que injusto es el mundo. Los cantantes se marcan un detalle impresionante. Sacan un dinero que, sobre el papel, va a aquellos por los que han montado tan maravilloso acto. Ellos se hacen un poquito de publicidad, que tampoco está mal, y…

Detrás de ese “y” es dónde yo veo lo malo de todo esto. Me parece una intención cojonuda. Me parece que hay que felicitarles. Me parece que todos nos sensibilizamos por el tema pero… ¿Realmente crees que a esa madre que ha perdido a sus hijos le importa mucho que un cantante que igual ni conoce, esté cantando una canción que se la suda por un dinero que sabe que con casi toda seguridad se lo va a quedar un funcionario corrupto de su país? ¿Cómo crees que se sentirá cuatro días después del acto, en el que todo el mundo mire hacia otro lado?

Eso son exactamente las declaraciones de buenas intenciones… Al menos, en mi humilde opinión.

El vídeo de marras:



X. el video es cojonudo, estoy totalmente de acuerdo contigo en que es espectacular.

Buenas noches y buena suerte.
àlex Seguir leyendo...

miércoles, 3 de marzo de 2010

Declaraciones de buenas intenciones

Hace unos días leía en Facebook una frase que había escrito una amiga. Ella parece tener las mismas tendencias que yo, es decir, las de escribir cosas aparentemente sencillas que encierran grandes significados o grandes enigmas.

“¿Hasta cuándo duran las declaraciones de buenas intenciones?”

Como diría ella, de hecho, lo ha dicho, es una provocación.

A mí estas cosas, aunque veo que forman parte de nuestra vida cotidiana, no dejan de darme un poco de rabia.

Es como lo del “Día internacional de la mujer”… Mientras necesitemos ese día, es que algo no está funcionando correctamente.

Con de las declaraciones de buenas intenciones, me pasa lo mismo. Si son necesarias, es que algo está funcionando mal. No debería hacer falta hacer las mencionadas declaraciones. Deberíamos estar hasta arriba de buenas intenciones. Cuesta lo mismo una buena intención que una mala intención.

¿Por qué alguien llega a un punto en el que tiene que hacer esa declaración? Me llevo esto al ámbito de la pareja. No quiero pensar ni en guerras ni en política. Aunque llevar esto al terreno de la pareja pueda asemejarse a una guerra o, al menos, acabar con alguien durmiendo en el sofá.

La vida en pareja no es fácil. En ocasiones es imposible. Conozco a alguna persona fantástica que seguro que corrobora esto. Creo que muchas veces hemos tenido que hacer alguna declaración de buenas intenciones. Todos. Dudo que me puedas decir que tú no has tenido que hacerlo alguna vez con tu pareja. Puede ser por pequeños detalles, o por grandes detalles. Puede ser por doblar y guardar la ropa una vez limpia, o puede ser para evitar hacer daño físico o emocional a la otra parte.

Creo que el problema viene exactamente cuando alguien a quien quizás admires, suelta esa pregunta. Se cuestiona la duración de esta declaración. Eso puede llenarte de un profundo dolor. Eso puede hacerte pensar que algo no ha funcionado como debiera y, quizás, ahora está viviendo en una nube porque esa declaración de buenas intenciones da algún resultado…

Siempre he pensado que todos merecemos una segunda oportunidad. Alguna vez ya te he hablado de eso. Pero también debo reconocer que en esto de las buenas intenciones, me cuesta creer. Desgraciadamente pienso que no duran más de un mes. Ese es el tiempo en el que volvemos a ser lo que realmente somos. Una declaración de buenas intenciones es, en muchas ocasiones, una burda copia falsificada y modificada de nosotros.

Una declaración de buenas intenciones nos ilusiona y nos llena de felicidad, pero creo que al final suelen acabar como empezaron. Una declaración de buenas intenciones oculta lo que realmente es la persona que la hace. Durante un tiempo lucha contra su propia naturaleza, pero esa es una lucha en la que no tiene ninguna oportunidad, es una batalla que ya empieza con un claro resultado. Nunca ganará. Siempre volvemos a lo que realmente somos. Hay que cambiar muchas cosas de base para poder hacerlo.

Lamentablemente, algunas declaraciones de buenas intenciones acaban por convencer a alguien por retirar una denuncia en un juzgado… Acaban con alguien llorando sobre una caja de madera en la que hay un ser querido. Eso es lo que nos enseña la vida.

Afortunadamente, otras, salvan amistades y matrimonios.

Que te vaya bonito,
àlex Seguir leyendo...

lunes, 1 de marzo de 2010

Estos jodíos me quieren cobrar el desplazamiento...

Hoy he pillado un cabreo monumental. Quizás también acompañaba que no he tenido el mejor día de mi vida y cualquier cosa me podía afectar, pero reconozco que esto es algo que me lleva tocando lo que no suena desde hace mucho tiempo.

No sé si a ti te pasa. ¿Te has dado cuenta de que muchos de los técnicos que vienen a nuestras casas a hacer un mantenimiento o una reparación, nos cobran desplazamiento?

Vienen cuando quieren. Se lo pueden planificar. Te tienen esperando en casa intervalos de dos horas. Es decir, no vienen a las once de la mañana, te dicen que vienen entre diez y doce. Si tienes suerte, vienen antes de las doce.

Te cobran lo que quieren y, encima, te cobran el desplazamiento. Algunos te cobran entre veinte y treinta euros de desplazamiento. Que pastón se sacan por no hacer nada los jodíos.

Está claro que si vienen a hacerte una reparación urgente y sólo vienen a tu casa, podrías pensar que es razonable que te cobren ese tiempo que han perdido en la carretera. Está claro que, mientras vienen a tu casa, no están facturando a otro cliente.

Lo que no entiendo es que te lo cobren cuando se trata de un mantenimiento. Tienen un mes para venir a tu casa a hacerlo. Son pequeñas poblaciones. Se lo planifican. Igual van a ver en un radio de dos kilómetros a cinco o seis clientes, y los cabritos le cobran el desplazamiento a todos. Se sacan ciento cincuenta euros por la patilla. Jodeeeeeer.

Pues hoy me he cabreado con el tema del descalcificador. Me han anulado por dos veces consecutivas la revisión. Han aludido "problemas personales". Que me parece bien, que somos personas y tenemos problemas. Pero el tío me quiere cobrar desplazamiento por dos kilómetros de distancia que tenemos. Joder, que se lo mire y venga a ver a dos o tres clientes el mismo día. No me sale de las narices de pagar ese desplazamiento. Se lo he dicho. Si me vas a cobrar desplazamiento, ni te molestes en volver a llamarme ni a venir. Chorizos.

El de la caldera no me cobra desplazamiento por venir a hacerme la revisión. Hay un montón de cosas que compro que vienen a casa a montarlas y no me cobran desplazamiento, pero algunos... Tú haz números, no muy bestias, y piensa lo que facturan cada año en concepto de "desplazamiento". Brutal...

Bueno, me he desahogado un poco, a fin de cuentas, para esto es mi blog...

Que te vaya bonito,
àlex Seguir leyendo...