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domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Vencer o convencer?

En la historia se ha hablado mucho de la gloria, de la victoria, de la competitividad. Se ha dicho de todo. Supongo que, al escribir ganadores y perdedores, se ha podido dibujar cualquier matiz al respecto.

Al llegar a una edad que no sé dónde fijar, aparece en nosotros esa competitividad. En algunas personas aparece antes, en otras después, pero siempre aparece. Puede permanecer oculto bajo otras capas de timidez, falta de autoestima o cualquier otra que seguramente ni siquiera conozco, pero ahí está.

Y la competitividad tiene ese lado oscuro que puede convertirnos en seres despreciables que disfrutan machacando a los demás. En los adultos, al menos, lo veo día sí y día no…

Ya sabes que yo soy muy competitivo. En algunas ocasiones, quizás incluso me excedo, pero creo que siempre he mantenido la luz en mi camino. Seguro que en alguna ocasión, mi paso a ese lado oscuro ha estado cerca, pero siempre vuelvo a la senda correcta. Esa competitividad creo que me hace incluso mejor persona.

Ayer pude ver, en todo su esplendor, esa competitividad en los adultos que te lleva al peor de los lados oscuros (the dark side of the dark side). Se materializó durante un partido de fútbol. El escenario, un campo de fútbol 7 en mi ciudad. Los actores, niños de entre cuatro y cinco años. Los directores, padres, adultos en teoría. Los espectadores, más padres.


Sabíamos que tenían un equipo mejor. A diferencia de la mayoría de clubs, la letra A que acompaña al nombre de nuestro equipo es sencillamente para poder distinguir a los cuatro equipos que tenemos en la categoría, pero para nada clasifica a nuestro equipo como el mejor del club. Sencillamente, los hemos repartido en cuatro equipos. Hemos dejado a un lado la competitividad… De momento...

Cuando empezó el partido, ya pudimos ver cómo jugaban. Eran superiores físicamente. Como siempre, dos niños que resaltaban sobre los demás que, aunque se movían por el campo con cierto criterio, no eran superiores a los nuestros. Por su parte, dos adultos en el terreno de juego, el reglamento sólo admite uno. Pudimos parar el encuentro, pero los niños deben jugar.

Se vieron cosas que no son normales en niños de esa edad. Se encararon con el público haciendo gestos con la mano, realizaron entradas dignas de tarjeta roja en otras categorías, desentendiéndose de la pelota. Los padres-entrenadores (sus entrenadores oficiales no pudieron acudir), les obligaban a seguir presionando en el último cuarto, aunque la ventaja fuera ya de nueve goles. Indigno.

Yo me pregunto sobre el camino que seguimos tomando en esta sociedad. Estoy convencido que seguimos generando monstruos en potencia. Educamos a los niños en el desprecio hacia sus iguales, riéndoles actos que nosotros mismos les inculcamos, actos que luego podemos ver en los informativos cómo se vuelven contra su familia y contra nuestra sociedad.

No aprendemos.

Afortunadamente, quedan personas en este mundo, cuyas convicciones hacen que los valores estén por encima de nuestras proyecciones del afán de victoria. Existen personas que enseñan a los niños a jugar a fútbol (en este caso es el fútbol, pero creo que podría ser la metáfora), les enseñan a ducharse y cambiarse de ropa solos, les enseñan a respetar al resto de niños como iguales, les enseñan a disfrutar de lo que hacen y con lo que hacen, les enseñan que la victoria no es el fin.

Ayer jugamos un partidazo. Nos ganaron de paliza, pero sobre el verde tapiz, hubo sólo un equipo que era capaz de trenzar jugadas hasta que les pegaban. Un solo equipo se abrazaba y disfrutaba en conjunto. Una sola afición cantaba y animaba a sus jugadores. Yo estoy orgulloso de mi equipo, ese en el que juega una docena de niños de entre cuatro y cinco años y les entrena una persona que mantiene sus valores y convicciones aún a arriesgarse a que el 85% le pueda agredir de pensamiento y palabra en algún momento.

A Victor Hugo se le atribuye una frase que lo resume todo:

"Nada tan estúpido como vencer, la verdadera gloria está en convencer."
Ayer, convencimos… Palabra…

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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Periodismo deportivo

Hoy aparece una noticia en un diario electrónico que me ha dejado totalmente estupefacto. El titular: "El Drama de Contador", en referencia al famoso ciclista español.

Al parecer, le han encontrado clembuterol en sangre, en una dosis mínima, pero se lo han encontrado, y esto parece estar prohibido.

Por si no lo sabes, el clembuterol es un fármaco que se usa para problemas respiratorios actuando como bronco dilatador. Por referencias, es algo parecido al famoso "ventolín". Hablando con un amigo, ciclista de toda la vida, me dice, entre sonrisas, que todos los ciclistas sufren de asma…

Pero a mí todo eso como que me da igual. Se pueden contar tantas historias como se quiera, justificar tantas mierdas como a uno le apetezca, pero en definitiva, es un problema de este señor y la justicia deportiva. Me puede caer lo simpático o antipático que queramos, pero en definitiva, por muy bueno que sea y muy carismático que aparente, no sólo por eso podemos defenderle o atacarle.

Escucho a conocidos decir que no se creen que se haya dopado. Bueno, pues no te lo creas, pero no lo hagas por subjetividades. Si existe un análisis que dice que sí se ha dopado, pues será verdad.

Pero en definitiva, no voy por ahí. Me mola el titular, con afán de venta, en el que se habla de drama, y te ponen una foto del caballero con las manos en la cabeza, en estado de semi-depresión y abatimiento, que lo entiendo.

Drama es el que sufren los padres que están en el paro y no pueden llevar dinero a casa porque los que gobiernan y desgobiernan (estos son los de la oposición) no son capaces de buscar soluciones a los dramas que ocurren cada día. Drama es el de las mujeres que mueren a manos de sus compañeros "sentimentales" aun habiendo interpuesto varias denuncias ante la justicia. Drama es lo que ocurre cada día en países denominados tercermundistas.

Lo de este Sr., Contador, no es un drama, es una putada en toda regla en el caso de que realmente sea inocente, si no, es que es gilipollas y un fraude.

Creo que el periodismo, como todo, es otro fraude, en el que personas con grandes ideales y grandes aptitudes para una profesión apasionante como esa, tienen que acabar corrompiéndose para crear titulares como ese, y así poder vender más periódicos, que, en definitiva, es el fin de todo, sacar más pasta, acabando así con un periodismo serio y de rigor.

Joer papá, si mi tío abuelo levantara la cabeza…

Que vaya bonito,

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domingo, 31 de octubre de 2010

De padres a hijos

Hoy ha sido un día especial. Hoy ha sido uno de esos días en los que me voy dando cuenta de que hay cosas que realmente pasan de padres a hijos y, estos, a su vez, vuelven a pasarlo sus hijos.

Es un tipo de herencia que nada tiene que ver con el dinero ni las posesiones. Es esa herencia de la que siempre todos nosotros nos sentimos orgullosos y que nos hacen darnos cuenta de lo valioso que es compartir momentos con la familia.

Un amigo me lo dijo hace tiempo, y creo que ya lo comenté por aquí: "El dinero que no ganemos hoy, no lo echaremos de menos... El tiempo que no pasemos con nuestros hijos... Sí..."

Recuerdo las colecciones de cromos que hacía cuando era pequeño. Ser el benjamín de la casa tenía sus bondades, una de ellas era que ya desde bien enano tenía álbumes corriendo por la casa. Recuerdo que, en aquella época, acabar las colecciones era complicado.

Los sobres de cromos eran bien diferentes. No eran adhesivos, los pegábamos con el famoso pegamento imedio. Aquel al que le ponías un alfiler de tu madre para que siguiera manteniendo la salida libre. En cada sobre, venían cerca de diez cromos, aunque este detalle ahora no lo tengo muy claro. Lo mejor de todo era su precio, dos con cincuenta... Pesetas. Lo que vendría siendo hoy entre uno y dos céntimos de EURO. Hoy valen sesenta céntimos y vienen seis.

También recuerdo que en aquellas colecciones de la liga que ya hacíamos, había cromos que eran dificilísimos de conseguir. Aquellos Quini, Migueli, Maradona, Butragueño, Gordillo con sus calcetines caídos... Podías cambiar a Maradona por diez o veinticinco cromos. Hoy, tienes a Messi o a Forlain (éste último parece más escaso) y lo sigues cambiando por uno.

Ya no se juega. Ya no se hacen dos montones y se apuestan unos poquitos a un montón. Sólo se cambia.

Hoy puedes acabar la colección pidiendo los cromos directamente a la casa que hace el álbum. Te viene el formulario dentro del álbum.

Pero no, yo no quiero. Yo he recordado aquellas mañanas de domingo que mi padre nos llevaba al "Mercat de Sant Antoni" de Barcelona. Allí, en los chaflanes, nos reuníamos un montón de gente con un único objetivo: Conseguir los cromos que nos faltaban para acabar la "cole". Las recuerdo con cariño. No con nostalgia, porque no tengo ese sentimiento, pero sí como algo que perdurará por siempre en mi memoria. Uno de esos momentos entrañables que siempre me acompañarán...

Hoy he llevado por primera vez a mis hijos a cambiar cromos al "Mercat de Sant Antoni". Ha sido igual. He recordado, con la cara que ponía mi hijo al ver el escudo del Barça que le faltaba, o a Forlain, la ilusión que me hacía a mí cuando tenía su edad. Pero hoy también he podido sentir lo que supongo que sentía mi padre, y no es otra cosa que dejar salir al niño que todos llevamos dentro, porque yo también notaba la ilusión que me hacía encontrar los cromos ausentes en el álbum. El momento de tacharlos de la lista hecha en un papel cuadriculado arrancado de una libreta.

Ha sido una gozada. Ahora, toca volver... Y si es posible, volver tres generaciones juntas al lugar en el que se terminan las colecciones de cromos en Barcelona: "El Mercat de Sant Antoni".

No desaproveches las pequeñas oportunidades de pasar un rato con los tuyos. Pensamos que siempre están ahí, y en ocasiones, más de las que realmente deberíamos, los dejamos en segundo plano precisamente por pensar eso, que ya los tenemos cerca. Quizás, a última hora, nos arrepintamos de no haber pasado más tiempo juntos...

Que vaya bonito,

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miércoles, 6 de octubre de 2010

Dudamos

Dudamos.

Es un hecho.

Dudamos de todo. De nosotros mismos. De los desconocidos que nos rodean o se nos acercan demasiado en la calle, en un bar. Dudamos de los compañeros de trabajo. Dudamos de nuestras parejas. Dudamos de lo que escuchamos o leemos.

Dudamos si hacer esto o aquello. Dudamos cuando debemos cruzar la calle en una zona sin semáforo. Dudamos sobre el momento y el lugar de nuestras vacaciones. Dudamos si somos suficientemente buenos para nuestro trabajo. Dudamos si somos la persona adecuada para la persona a la que queremos.

En definitiva. Dudamos...

Incluso aquellos que parecen tan seguros de sí mismos, que se muestran al exterior como personas duras e infranqueables. Personas que están rodeados por un halo que les hace ser como una biblia para los demás, personas que, en ocasiones, parecen tener el corazón de hielo... Incluso esos, dudan.

Las dudas nos llevan al miedo, y el miedo nos lleva a la desconfianza y a la ira. Ese miedo que nos hace dudar de casi todo, consigue que enterremos en un pozo a personas que, sencillamente por aparentar más seguridad o conocimiento que nosotros, se nos cruzan.

Esa duda hace que no demos oportunidad a personas anónimas o no tan anónimas a que entren un poquito en nuestra vida, a que crucen sus caminos con nosotros. Perdemos la posibilidad de conocer al que pude ser un buen amigo o, sencillamente, alguien que hará que profesionalmente seamos mejores y subamos algún peldaño en nuestra propia confianza, porque esa persona apuntala un poquito más nuestro mundo, y puede ayudar a hacer desaparecer las dudas. Pero, la duda inicial, hace que no sea así.

Llegados a este punto, te preguntas por qué estoy escribiendo todo esto.

Estos días, tengo un problema de este estilo. Un problema profesional que, en definitiva, y por mucho que algunos quieran negarlo, se transforma en algo personal, porque paso casi la mitad de las horas del día en mi trabajo.

Alguien, no sé si por la duda o por el miedo, no sé si por algún complejo o si por algo tan sencillo como mi manera de ser, me ha denegado cualquier oportunidad de colaborar en algo importante. No sé qué he hecho mal. Nadie me lo explica. Una amiga, me cuenta que, sencillamente, estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado... Y encima, ni lo estaba, sólo apareció mi nombre.

Profesionalmente, las personas con las que trabajo a diario, confían en mí, no dudan, me cuentan aquellas pequeñas cosas que hacen que su trabajo se complique, y me miran esperando una solución o, simplemente, un punto de partida en el camino de la resolución...

Sin embargo, una persona, no me da la oportunidad ni siquiera de hablar. Una persona que aparenta seguridad en sí misma, porque levanta un poco su voz y se muestra en una línea que roza la mala educación y el desplante hacia las personas que están con él. Parece que ese aire de suficiencia le convierta en alguien importante.

A veces, hacemos eso. Nos rodeamos de aire de suficiencia, tratamos mal a los demás, infligimos duros castigos sobre las opiniones de los demás... Sólo porque dudamos...

Buenas noches y buena suerte...

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miércoles, 29 de septiembre de 2010

29S: Derecho a Trabajar

Sí, has leído bien el título. Derecho a trabajar.

Resulta que hoy, unos señores, elegidos por un número que para mí es desconocido, para liderar unos sindicatos, han decidido por mí, que ni estoy sindicado ni les he elegido, que hoy tenía que hacer huelga.

A mí me parece bien que la gente use este derecho establecido por la Constitución Española en su artículo 28 párrafo segundo (¡toma ya!). Estamos, afortunadamente, en un estado democrático, y tenemos derechos hasta para declararnos en huelga cuando así lo consideramos oportuno. Me jode, pero ese artículo también recoge que nos podemos sindicar. Y lo que me jode no es el hecho de sindicarse, sino que compartan artículo.

Bueno, pues resulta que hoy es 29-S. Día de huelga general debido a que esos señores a los que se ha elegido democráticamente para gobernar el país y los sindicatos, no teniendo otra cosa que hacer, han demostrado al país entero que no son capaces de ponerse de acuerdo en aquello que nos interesa a todos y que es nada más y nada menos que las condiciones laborales en las que tenemos que lidiar cada día.

Y como estos señores, que su único trabajo es ese, negociar y gobernar, han sido tan necios que no se han podido poner de acuerdo hablando, han decidido tirar de la ley más antigua del mundo y que rige, en definitiva, el cómo se deciden muchas cosas en el planeta. Esa ley no es otra que demostrar a ver quién la tiene más grande (disculpen las señoras por esta metáfora falócrata).

Hasta ahí, pues vale, bien. No voy a entrar en valoraciones sobre la reforma laboral, ya que, a buen seguro, la cagaré.

Pero estos señores del sindicato, como no se ponen de acuerdo con el gobierno, echan mano a la constitución y dicen: "Huelga general". Pues venga, a la huelga, que es lo que necesitamos todos.

Haciendo uso de ese derecho inalienable, a partir de las doce de la madrugada de ayer, se han tirado a la calle. A manifestarse. Venga. Manifestémonos. Eso es bonito.

Y echan mano de los llamados "piquetes informativos", que no son más que unos señores que se dedican a trabajos físicos y que están como armarios y que, en la mayoría de los casos, te informan que o dejas de trabajar si lo estás haciendo, o te rompen la crisma. Y así, los que queremos usar nuestro derecho a trabajar, pues no podemos.

¿Y por qué no podemos? Porque los señores de los sindicatos, que no son capaces de ponerse de acuerdo con el gobierno, tampoco son capaces de ponerse de acuerdo con la mayoría de la población de este país. Y se dedican, al más puro estilo de los sindicatos americanos mafiosos de las pelis de los 70, a dar mamporros y a romper lo que pillan a su camino para que nadie trabaje. En definitiva, usan técnicas totalmente fascistas.

Lo bonito es verles en la tele chillando "DEMOCRACIAAAAAAA, DEMOCRACIAAAAA", mientras cierran el restaurante de un señor autónomo al que nadie le ha pedido su opinión en ningún momento.

Eso sí, nadie cobrará un duro por el día de hoy... Bueno, excepto esos señores que poseen un trabajo físico o que trabajan en algunos estamentos, que permiten las horas extras, y que usaran estas para recuperar las perdidas hoy.

Vamos, que tú, que querías ir a trabajar, que no estás de acuerdo con la huelga, has perdido la pasta de hoy mientras que estos cabroncetes, se lo han pasado pipa quemando ruedas y algún coche de la policía en Barcelona, y encima, cobrarán estas horas de hoy, pero más caras, porque serán extras...

Por cierto, atentos ahora al baile de números para mostrar el seguimiento de esta maravillosa huelga.

Digo yo, ¿¿¿¿no puedo hacer huelga de huelga????

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domingo, 26 de septiembre de 2010

Life is Wonderful

Hay días maravillosos.

Días en que tienes la oportunidad de celebrar un momento importante en tu vida.

Hay días en que despiertas por la mañana y la ténue luz que alcanza a entrar por la ventana ilumina suavemente el rostro de la persona a la que amas. Aquella persona que hace que no necesites nada más en la vida.

Hay días...

Hay días en los que, viendo su rostro sereno, todavía con los ojos cerrados, te das cuenta que no podías haber hecho nada mejor en tu vida. Te das cuenta que ha sido la mejor casualidad de tu vida.

Porque no te engañes. El amor es una casualidad. Que la persona de la que tú te has enamorado te corresponda con el mismo amor... Es complicado...



Jordi, Pat:

"Alguna cosa em diu que avui és un d'aquests dies a la vostra vida. Avui és una celebració. Felicitats, de tot cor..." (Algo me dice que hoy es uno de estos días en vuestra vida. Hoy es una celebración. Felicidades, de todo corazón...)"

Life is Wonderful (La vida es maravillosa)

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Un relato: "Complot"

Oigas lo que oigas, pase lo que pase, cuando llegue el momento, lo sabrás, entonces, cierra los ojos, y piensa que la única verdad es la que tú ya sabes. Intentaran desvirtuar lo ocurrido. Lanzarán bombas informativas a modo de botes de humo para atajar cualquier posibilidad de hallar el camino que lleve hacia la verdad.

Lo van a hacer, van a intentar ponerte en mi contra. Harán públicas fotos, vídeos, incluso correos electrónicos en los que supuestamente apareceré yo o mi nombre...

Ellos no quieren que estemos juntos. Dicen que es una ilusión que provoca que perdamos el sentido original de nuestras motivaciones. Creen que me alejaré del camino considerado correcto.

Conmigo no pueden. Van a intentarlo contigo.

Sé fuerte, más que nunca, y no creas nada que ellos te digan, por muy verosímil que parezca. Y sí, tengo un pasado que desconoces, pero ¿quién no lo tiene?...

Van a intentar que los cimientos de tu lealtad se resquebrajen. Van a conseguir que llores. Dudarás de mí.

Pero yo soy esa persona a la que has conocido. Esa persona con la que has convivido. Esa persona con la que has visto que las cosas, juntos, se hacen mejor...

Te preguntarás por qué... Por dinero... Siempre es por dinero... El fin último de las cosas parece ser el vil y condenado dinero... Quieren que me dedique a hacer aquello en que algún día fui alguien respetado...

Todo el mundo miente...

Pero yo, yo sólo quiero vivir... A tu lado... Cerca...

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martes, 14 de septiembre de 2010

El monstruo de las galletas

Hay días, en que la vida te deja algunas perlas.

Hoy, he recibido dos en forma de correo electrónico. Una de ellas, referente a mi mujer y a uno de mis hijos, y me ha parecido de lo más entrañable y graciosa. De hecho, he estado riéndome yo solo un buen rato mientras lo leía, en parte, quizás, porque era capaz de ver la cara de uno y de otro durante el transcurso del breve diálogo.

La otra perla, me la ha regalado, junto con un número indeterminado de personas, un amigo y compañero de trabajo. Un compañero que mañana empieza una nueva aventura profesional, aunque de momento, no suelta prenda.

A continuación, os paso a relatar las dos, tal y como me han llegado (bueno, igual cambio algo, pero muy poquito):


1ª Perla.

Esta mañana, justo antes de ir al colegio, mi mujer y mi hijo, han mantenido esta cariñosa conversación, con el final... bueno, mejor la lees:

"Esta mañana lo he abrazado como a un osito.. que es lo mejor, y le he dicho que no quería que creciese, que me gustaría que fuese siempre un bebe. Él me ha contestado que también quería ser un bebe... Como soy una madre plasta le he vuelto a decir que quería que fuese un bebe y él, como es un suavoncete, me ha contestado que él también... y después ha añadido alegremente "pero es lo que hay…" y se ha quedado tan pancho…"

Creo que estoy siendo una mala influencia para mis hijos, con esas frases que tantas veces repito a lo largo del día... Esas frases lapidarias que, en su boca, nos hacen tanta gracia...
2ª Perla.

Poco voy a introducir sobre esta. Tampoco voy a añadir lo que él mismo ha compartido con algunos de nosotros, sencillamente, creo que es una buena forma de despedir una etapa en la que se ha compartido tanto y con tanta gente... Cada uno, que saque su propia moraleja.

Su título, "El fantasma de las galletas":

"María era una chica muy impaciente y no soportaba esperar…

Al llegar a la estación de Sants, desde megafonía anuncian que hay un retraso de unos 25 minutos en todas las líneas. María muy enfada se dirige a comprar algo para comer y leer, mientras espera el maldito tren… Compró las galletas que más le gustan, un refresco de cola y con su periódico preferido bajo el brazo se adentró en la muchedumbre en busca de un buen asiento en el andén. Encontró un sitio al lado de un chico joven. Ella con tranquilidad comenzó a leer el diario mientras cogía una galleta, el joven hizo lo mismo. María no soportaba esperar, pero menos que un joven que ni siquiera le conocía le quitara sus galletas preferidas…

Casi llegando al borde de un ataque de nervios, ella con disimulo coge otra galleta, esperando la reacción de su compañero de asiento… Como no, él se hace con otra galleta, así hasta que finalmente queda la última galleta….

María dejó pasar un tiempo prudencial para ver la reacción de él. El joven cogió la última galleta la partió por la mitad y le ofreció a María. Que poca vergüenza, pensó María…

En ese preciso momento llegó el tren de María, cogió su bolso y entro con rapidez, desde el interior, miró por la ventanilla y vio como su compañero de asiento le ofrecía una sonrisa mientras sostenía el periódico de María que se había dejado.

Bufff, no puedo más… María estaba irritada, por ver como aquel joven se había comido sus galletas y para colmo se llevaba el periódico que no había acabado de leer.

Mientras se acomodaba en el asiento de tren, abrió el bolso para beberse el refresco de cola y para su sorpresa encontró en el interior su paquete de galletas preferido."

Que vaya muy bonito,


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lunes, 6 de septiembre de 2010

Solo

Un extraño silencio me sobresalta en medio de la noche. Estoy tumbado, en mi cama, en mi habitación. Busco a mi alrededor. El calor me agobia.

Me siento. Intento ver algo. Una tenue luz invade en mil columnas mi espacio. La persiana no está bajada del todo.

Me levanto. Los dedos de mis pies me dan un latigazo de dolor. Me cuesta caminar. Me acerco a la ventana y abro la persiana.

Noto una brisa acariciando mi cara. Una sensación de frescor abraza todo mi cuerpo.

En la calle no hay nadie. No hay coches circulando. Ni siquiera hay coches aparcados. Silencio.

El cielo, despejado, adornado con millones de estrellas. La luna está llegando a la perfección...

Pienso en ti. Miro fijamente a la luna y recuerdo nuestras largas charlas en la distancia. Recuerdo que, en un vano intento de cruzar nuestras miradas, dirigíamos nuestra vista hacia nuestra luna. Nos veíamos. Nos imaginábamos...

Sonrío.

Giro lentamente mi cabeza. Miro hacia la cama. Tú no estás. Estoy solo.

Te imagino, sonriendo. Tu cara limpia. Tu mirada verde. Tus cálidas manos.

Hablas, no te escucho... ¿Dónde estás?

Quizás, el mero hecho de haberme perdido durante tanto tiempo, hace que ahora viva en la más cruel soledad. No hay nadie. Estoy solo.

Soy yo. Esa persona llena de defectos que siempre te ha querido. Esa persona que ahora sufre su lenta agonía de la espera. Una espera que no sé a dónde me llevará.

¿Dónde estás?

Estoy cansado, muy cansado...

Me vuelvo a tumbar en la cama. Sigo mirando a la luna. He tenido tanto...

Mis ojos se cierran. Sigo viendo tu cara. Necesito volver a verte. Lloro.

Quizás, sólo sea una pesadilla... Una pesadilla que ha venido hasta mí para conseguir que comprenda el por qué...

Cuando abra los ojos con el nuevo día... ¿Estarás a mi lado?

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lunes, 30 de agosto de 2010

Sólo pienso en ti

La vida da muchas vueltas. Nos lleva por caminos desconocidos. Nunca sabemos hasta dónde llegaremos el nuevo día, ni siquiera conocemos el destino final de nuestro viaje.

En ese camino, convergemos con otros caminantes. Seguimos juntos ese camino durante una hora, un día, un año... Toda una vida.

A veces, cuando compartimos ese camino con otra persona, llega un instante en que ya lo hemos hablado todo. Sólo nos quedan las miradas. Los momentos...

Desde pequeños, pensamos que el amor es para siempre, pero nuestra genética costumbre de complicar las cosas, hace que lo que un día parece indestructible, parezca roto en mil pedacitos...

Sólo tú puedes hacer que sea tan sencillo como mirarse a los ojos, sonreír y dejar que todo fluya, sin necesidad de hablar, sin necesidad de decir nada... Esa sonrisa antaño demoledora, hoy escondida, es el antídoto que conseguirá volver a reconstruir lo que creemos roto.



Vi una pelicula. En ella, escuché una frase: "Si los cimientos son buenos, todo lo demás, tiene arreglo".

Sólo pienso en ti,

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