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sábado, 7 de mayo de 2011

El teatro del fútbol

Pasados unos días de la borrachera y posterior resaca de los Barça-Madrid o Madrid-Barça, llega el momento de las reflexiones personales.

No voy ahora a descubrir la sopa de ajo, pero desde esta punta de la península parece que se ven las cosas de una forma distinta a como se ven en la capital de nuestro país en crisis.

Desde pequeño recuerdo escuchar en algunas ocasiones aquella mítica frase de "lo bueno, si breve, dos veces bueno", o aquello de "lo poco agrada, lo mucho cansa". Esas frases me las decían los curas del colegio. Estaba claro que ellos iban por otro lado, pero estos días creo que son dos frases muy acertadas.

Yo he acabado harto de estos cuatro partidos, sobre todo porque a mí, el único que me ha gustado ha sido el último. Ha sido el partido en el que he visto algo de espectáculo, aparte de la decisión arbitral que, a mi modo de ver, fue equivocada. En cualquier caso, una decisión que no cambió nada en un partido en el que el mejor del equipo culé fue un delantero y en el merengue, el portero... Eso significa algo, ¿no?

Pero bueno, tampoco voy a ponerme a ejercer de crítico de fútbol. Lo que si que es cierto, es que han habido ciertas cosas que me han dejado un tanto perplejo:

1. Un gran equipo como el R.Madrid no puede salir al campo a defender un empate a cero jugando a la defensiva. No nos da el espectáculo que los amantes del deporte nos merecemos.
2. ¿Cuándo dejarán de echarle tanto cuento los jugadores de fútbol? Y que no me vengan con monsergas que sólo lo hacen los jugadores del Barça.
3. ¿El R.Madrid seguirá echándole la culpa a los árbitros y a las conspiraciones judeo-masónicas por sus resultados durante mucho tiempo? En ningún momento han realizado actos de autocrítica, y eso lo único que puede significar es que piensan que lo hacen todo perfecto y los culpables son los demás.
4. ¿Las cadenas nacionales tienen que mostrar su partidismo tan descaradamente? El comentarista del último partido, no hacía más que hablar del Madrid. De los goles que necesitaba para ganar, del tiempo que le quedaba, de lo bien que lo estaba haciendo... Parecía que estuvieran jugando contra un equipo extranjero, y por muy mal que les parezca a algunos, nosotros también somos españoles. Incluso habiendo acabado el partido con victoria azulgrana, seguían hablando del Madrid.
5. ¿Por qué?

Me parece un tanto patético que el Madrid siga defendiendo a un señor que habla del hoy de la misma manera en que los demás clubs españoles hablaban del ayer. Encima, si vemos registros históricos de diarios deportivos con una cierta afinidad blanca, encontramos noticias como esta: "Mourinho: referente de antideportividad". Hoy lo defienden a capa y espada.

Afortunadamente, muchos amigos simpatizantes del Real Madrid han coincidido en que este señor debería irse bien lejos de su club. Está llevándolo a registros impensables de impopularidad. Incluso Casillas, un caballero dentro y fuera del campo, hizo lo que hizo con Pedrito durante el último partido, y dijo lo que dijo cuando finalizó el encuentro.

En conclusión, que hemos visto de todo menos fútbol. Por mucho que les duela a unos y a otros, ambos equipos han hecho en cierta medida el payaso, y nosotros, mientras, discutimos si una jugada era válida o no... Lo cierto es que con tanto partido, igual se han cargado la selección... Conste que veo a todos los entrenadores y directivos como auténticos payasos y niños malcriados a los cuales les pagan una pasta porque a los que realmente tenemos que sufrir cada día nos gusta el fútbol... ¡¡¡En una línea de producción los ponía yo a currar cada día!!!!!

Eso sí, Visca el Barça!!!!

Que vaya bonito,
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miércoles, 20 de abril de 2011

Otra anécdota en un taxi

La semana pasada me tocó ir a Madrid para apagar un "pequeño fuego" laboral. Nosotros llamamos fuego a un problema que tienen otros equipos en algún proyecto y que, tras tiempo intentando arreglarlo, no han podido hacerlo. En este caso, ni siquiera habían podido diagnosticarlo todavía...

Me fui en el AVE. Me he vuelto vago con lo de volar. Llegar al aeropuerto una hora antes, pasar por el control de seguridad en el que te quitan hasta el reloj, esperar, subir al avión después de hacer cola como un idiota (porque parecemos borregos a la hora de subir a los aviones). Luego, llegas al aeropuerto de destino y empezar a caminar y caminar para poder salir de allí... Prefiero el tren. Llegas quince minutos antes, tu maleta contigo. Te sientas, ves una película o trabajas... Y en cuanto al tiempo, entre pitos y flautas, es el mismo, con la diferencia que llegas al mismo centro de la ciudad.

Recuerdo que a alguien le encantaban las anécdotas que tenía con los Taxis hará un par de años. Igual hasta eres tú. Pues bien, el otro día tuve un viaje un tanto extraño con uno de los coches blancos con banda negra de la capital.

Cuando llegué a Atocha, me dirigí a la parada de taxis. Allí, un chaval con chaleco fosforescente exactamente igual al que nos obligan a llevar en el coche para usarlo en caso de avería (sólo para que nos vean, porque el chalequito no nos soluciona ningún problema, para eso, tiene que venir un mecánico)... Bueno, que me lío. El chaval me indicó el taxi al que debía dirigirme. Yo, muy obediente, me dirigí al vehículo. Cuando me quedaban un par de metros, una encantadora abuelita de pelo blanco se acercó al taxista. Le preguntó si estaba disponible, y éste le contestó, muy amable, que debía dirigirse al muchacho del chaleco.

Me subí al taxi. Previamente habíamos alojado mi maleta en el maletero del coche. De repente, desde un vehículo situado justo a la izquierda del que yo me encontraba, un tío alto, delgado, despeinado y con una camiseta blanca llena de lamparones, empezó a hablar con "mi chofer". Le preguntaba si le gustaba yo más que la señora. Me lo tomé a broma. Pero la cosa se fue calentando, resulta que se había cabreado y todavía no entiendo el por qué. La cuestión es que empezaron los dos a gritar, y "mi chofer", pobre idiota, no tuvo otra idea que la de ponerse al volante y cerrar la puerta. Eso, para cualquiera que haya conducido en zonas problemáticas, es sinónimo de error. Yo empecé a plantearme seriamente el bajarme. No tenía ganas de que me mancharan el traje de sangre. Intuía que el otro, desde fuera, iba a meter su mano, amablemente cerrada, dentro del coche hasta situarla en la cara de "mi chofer". Así fue, claro, pero el otro, el de los lamparones, chillaba mucho pero poco más, porque a lo máximo que llegó fue a meterle el dedo en el ojo al que estaba en el coche.

Vaya par de idiotas. Allí, gritando, dando un espectáculo... El mío, muy cobarde por cierto, le decía "que voy cargado, que voy cargado", aunque yo le dije que no se preocupara por mí, que yo podía coger otro taxi. Me miró mal. Así que tuve que pedirles a los dos que lo dejaran. No tengo claro por qué, pero me hicieron caso. Pero te lo creas o no, el resto de taxis, varias decenas, sólo actuaron como meros espectadores. Absolutamente nadie hizo nada. ¡¡Qué país!!

Yo iba al parque empresarial de las Rozas, y mi taxi, no sé si por los nervios, se perdió... Al menos el tío fue honrado y al parar para poner el GPS, paró el taxímetro.

Yo no sé si es que yo tengo imán, pero siempre tiene que pasar algo. Al menos, no me aburro...

Que vaya bonito,
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viernes, 30 de octubre de 2009

Mala semana con posible final feliz

Casi con toda seguridad, ni te habrás enterado. Si has compartido estos días conmigo, me habrás visto, más o menos como siempre. Algún momento bajo, pero sin grandes explicaciones del por qué.

Esta ha sido, con diferencia, la peor de mis semanas desde enero. La coincidencia ha sido la llegada a Madrid, aunque puedo asegurar sin ningún tipo de duda, que no ha tenido nada que ver.

No he dormido. Me he dejado, sin saber cómo, cerca de dos kilos allí. Otra vez. Los nervios. La tensión. Y esta vez nada profesional.

Pero si la semana ha sido el momento de las ponencias, en que mi mente ha expuesto al jurado todas valoraciones y balances sobre aquello que me atormentaba, ayer viernes fue el día de las deliberaciones.

De momento, puedo decir que todo tiene un aspecto mejor. De hecho, si te sirve de algo, esta noche he dormido como un tronco. He dormido como hacía tiempo que no lo hacía. Sin ayudas. Sin... Bueno, ya me entiendes.

He tenido un par de amigos que me han soportado y han estado ahí, aún cuando estaba de lo más insoportable, cuando estaba perdido y no sabía a qué tabla agarrarme.

Por lo demás, la semana ha sido una más de trabajo, aunque me he reencontrado con compañeros que hacía tiempo que no veía. Reconozco que tampoco me he puesto a hacer relaciones públicas y me he mantenido fiel a los mismos compañeros/amigos que ya tenía desde Londres. No creo que en ese sentido mi círculo vaya a aumentar demasiado, creo que los que ya están, son los que son.

El mejor día, sin lugar a dudas, fue el jueves. Salí por Madrid. Me llevaron a cenar y luego a tomar unas copas. Algo totalmente desenfadado, sin responsabilidades, sin compromisos, sin que nadie esperara nada de nadie. Sencillamente, compartir un buen rato, reírse, alguna que otra confidencia. Algo fantástico. Reconozco que hacía mucho tiempo que no estaba tan bien y tan relajado como lo estuve esa noche. Desde aquí, gracias. Espero que repitamos...

Salimos a cenar a un lugar del que ni siquiera recuerdo el nombre. Lo único que sé es que está por el barrio de la Latina. Allí, una rosca de pan con jamón y unas cervezas. Después, tras intentar entrar en un local abarrotado, tuvimos que irnos a la calle Huertas. Piensa que en todo aquello era mi primera vez... No conocía nada. Allí fuimos a un local llamado "El imperfecto". Nos tomamos unos mojitos y unas caipiroskas que, por otro lado, nunca había probado.

Ahora, lo único que espero, es que todo vaya por el buen camino. Que cada uno de nosotros esté donde le toca estar, incluyéndome a mí.

Que pases un buen fin de semana. Yo espero hacerlo. Dicen que después de una gran tormenta, siempre viene una plácida calma...

Al final, lo más importante, lo que siempre queda, es la amistad... Hay que cuidarla.

Siempre a tu lado...

àlex Seguir leyendo...