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jueves, 24 de marzo de 2011

Teoría de la cerveza aplicada a la vida profesional del consultor

Si te dedicas a la misma profesión que yo, igual hoy entiendes algo de lo que te voy a contar, si no, seguro que lo puedes extrapolar a aquello que hagas en tu día a día, y si no, pues te lo lees (si quieres) y quizás te eches a llorar o a reír...

Nosotros, los que estamos en el tipo de empresa en la que yo trabajo, nos dedicamos durante un tiempo a un proyecto en un sitio, para pasar después a otro quizás en otro lugar, ya sea de nuestra ciudad o fuera incluso de nuestro país, como ya sabes.

La semana pasada dejé el último proyecto en el que he estado, después de un año...

Lo necesitaba. Tenía que cambiar de aires. Aquello no era para mí. O quizás yo no era para aquello, no vayas a pensar que creo que soy el ombligo del mundo (aunque yo esté seguro de ello). Cada día era un martirio levantarse para ir a trabajar allí. Para alguien tan llevado a buscar el clímax tecnológico en aquello que hace, es complicado estar en un sitio que parece anclado, en esos términos, en el siglo pasado...

Por fin lo he conseguido, y para dedicarme a algo que me apasiona, y a lo que me he dedicado durante mucho tiempo, al menos a nivel personal.

Y como el bien no puede existir sin el mal, y no todo el campo es orégano (esto siempre lo dice mi madre, y las madres saben un montón de refranes), todo tiene su contrapartida no tan positiva.

Ya había estado ahí antes de irme a UK. Nueve meses. Ahora, un año. Claro, haces amigos. De hecho ahí conocí a Xavi (hola Xavi), mi compi de otro blog en el que tampoco escribimos hace tela y que tendremos que empezar a hacer un pensamiento...

Bueno, que me lío. El momento llega. La última hora del último día. Sabes que tienes que marchar. Has pasado por esta situación en muchas otras veces, pero te aseguro que no te acostumbras. Qué mal rollo (en algunos casos, en otros piensas en aquello de que les den... dos duros). Hay que despedirse. Y eso yo lo llevo fatal. Por eso, pedí algo a los que allí han compartido algo más que trabajo conmigo. Fue una petición en plan "última voluntad". Les pedí que, cuando me fuera, sencillamente me dijeran "Nos vemos mañana"... Pero nada, que alguno tuvo que levantarse a darme un abrazo... Y claro, uno no es de piedra...

Pero de ahí, que no quiero seguir, voy a mi "Teoría de la cerveza aplicada a la vida profesional del consultor" (bueno, esta profesión seguro que se puede cambiar por otras tantas, pero es la mía y la pongo porque quiero).

Ahí va (es cortita):

"Hay momentos en la vida... Momentos en los que hace mucho calor. Momentos en los que decides coger una cerveza. Helada. Abrirla. Escuchar el sonido del gas abriéndose paso por la obertura. Servirla en una jarra también helada. La miras. Das el primer sorbo. Pasa por tu cuello dejándote esa sensación agradable del frescor. Con su punto amargo. Yo soy de los que siempre quiere disfrutar de su cerveza desde el principio hasta el final…

Pero llega el momento en que das el último trago. Miras tu jarra y piensas, esta se ha terminado… A por otra…

Así, dejas la jarra finalizada sobre la mesa y te preparas para empezar con otra. La primera ya es historia. Ha sido un momento genial. Lo has disfrutado, pero ahora ya es el momento de abrir una nueva, seguro que también tendrá su punto amargo…"

A buen entendedor...

Para acabar, un vídeo de Supertramp, ese grupo que tanto me gusta. Según el que lo ha subido a Youtube, se grabó en 1979, igual tú, ni habías nacido (yo ya jugaba al balón por entonces)...



Que te vaya muy bonito,

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domingo, 4 de julio de 2010

Proyectos

Nos pasamos más de media vida haciendo planes. Siempre miramos hacia adelante, hacia el futuro. A veces, pecamos de optimistas... A veces, sencillamente pensamos que nuestras acciones, nuestros sueños, precisan que se cumplan una serie de condiciones antes de poder ejecutarse.

Siempre andamos recreando nuestro propio cuento de la lechera... Siempre pensando en que será mañana, pasado, el año que viene...

Nos vemos con nuestra casa, nuestro nuevo coche, nuestro trabajo soñado... Pero sólo lo vemos en nuestros pensamientos...

Y la peor parte está en aquella en que nos convertimos en seres totalmente pasivos. Vemos cómo la vida fluye a nuestro alrededor. Vemos como la felicidad invade los espacios a los que nosotros nos acercamos de vez en cuando.

Pero la vida nos ha repartido unas cartas que no nos permiten hacer otra cosa que subsistir. Creemos tener responsabilidades que planifican nuestro día para que no podamos hacer aquello que sabemos nos hace felices. Sí. Quizás seamos felices de alguna manera con ese tipo de vida, pero siempre tenemos la consciencia de que nos estamos dejando algo en el camino.

Hacemos planes. Creamos proyectos.

Vivimos con la seguridad de que llegarán tiempos mejores. Nos hacemos la promesa de que mañana será diferente. La semana que viene empiezo. Este nuevo año será diferente. Pero seguimos nadando en el mismo sentido. Con la misma carga. Montando al mismo caballo.

Y al final, la naturaleza nos lleva hacia el equilibrio, ese equilibrio que desea que nuestras moléculas se separen para formar otras en un estado inerte.

Llega el fin. Y dejamos dinero en el banco, un piso, uno o dos coches... Dejamos proyectos por hacer. Ilusiones relegadas a los demás. Sueños que no se cumplen. Y en el peor de los casos, dejamos a alguien roto... Muy roto... Quedaba tanto por hacer...

Quizás habría que correrse una buena juerga, ¿no?



Carpe diem

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lunes, 19 de abril de 2010

Lunes negro

Este ha sido lo que se viene llamando un lunes negro. Y la semana sólo ha hecho que empezar. De cualquier forma, lo veía venir desde el viernes, porque me da por mirar el correo del trabajo incluso cuando no estoy en él. No sé si es por un exceso de responsabilidad o porque soy realmente gilipollas. Sea como sea, lo veía venir.

Para colmo, algo que ya veía inevitable y que tiene que ver con un gran amigo, se me ha venido también encima. Otra vez en forma de correo electrónico. Pero tampoco puedo poner cara de sorpresa, porque, cómo te digo, era algo que sabía que tenía que suceder, sólo quedaba marcar el día en el calendario, y ese día ha sido precisamente este lunes diecinueve.

Tras un fin de semana que ha estado más que bien en lo personal, en lo que sigo creciendo hacia lo positivo, reconozco que hoy se me ha venido el mundo encima. Creo que ni siquiera el partido de frontón que he jugado con unos amigos me ha servido de mucho.

Hoy me he dado cuenta de que el año en la isla me ha hecho más daño del que yo había previsto a mi vuelta. Hoy me he dado cuenta de que me ha hecho polvo. Estoy viendo como alguno de los compañeros que allí había conmigo, van dejando la empresa, o están un tanto depresivos, sin llegar a la enfermedad, negativos o están buscando “otras alternativas de futuro”. En definitiva, algunos de los que allí compartieron su tiempo conmigo, bueno, con la empresa, parecen totalmente irrecuperables.

Yo ya no tengo la misma ilusión que tenía antes. Eso es un hecho que, aunque yo me niego a creerlo, está claro que cada vez toma más peso en el paso del tiempo. Siempre me había jactado de que me pagaban por hacer lo que hacía en mi casa gratis, pero ahora ya no es así. No tengo mucha ilusión. Mis ilusiones están lejos. Tengo que cerrar los ojos y mirar más allá para poder verlas, para poder encontrarlas.

También es cierto que ahora estoy teniendo un tiempo de “recuperación”, del que espero que salga algo positivo, pero es triste darse cuenta de que has perdido un año de tu vida en la mayor parte de sus sentidos, y que te ha dejado secuelas… grandes secuelas…

Ahora viene el momento de los agradecimientos, de los premios, de las desilusiones… Porque yo, con perdón, aunque no me he generado ninguna expectativa y tengo claro de que este va a ser otro año como el pasado, del que todos llamamos 0,0, en lo más profundo de mi interior, siempre espero tener la recompensa, la justificación ante esas personas a las que abandoné durante un año por un trabajo en el que ni siquiera pude creer durante mucho tiempo. Una causa que al final, no hice mía…

Lo único que puedo hacer, desde aquí, es pedir perdón a esas personas por algo que no he podido evitar… o no he querido, porque es posible que pudiera haber tomado otro camino que me permitiera haberme quedado aquí.

Lamentablemente, ni siquiera los buenos amigos que he podido hacer allí compensan este año. Pensaba que sí, que lo podrían justificar, pero ahora me doy cuenta de que no es así… Al menos, los tengo a ellos, que son la parte positiva de tanta mierda, pero no lo justifica…

¿Exagerado? Bueno, que cada uno piense lo que quiera...

Cariño, lo siento. A ti, si te has convertido en amigo o amiga durante mi estancia en UK, que no lo justifique no significa que no sigas significando lo que significas para mí…

Un beso y una sonrisa,

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