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lunes, 19 de marzo de 2012

Felicidades Papá



Si mis cuentas son correctas, hoy es la cuadragésima vez que celebro el día del padre... No, no, por supuesto que no es la mía, si no la tuya, papá.

Desde hace unos años, pienso que estos días tan marcados en el calendario, no son más que otro ardid comercial para que algunos puedan aumentar sus ventas y, por ende, sus beneficios, pero lejos de intentar mercantilizar el asunto, esta mañana he podido pensar sobre ello.

Ayer publicaba en este mismo blog una entrada en la que incluía una frase de Edison, y que tiene que ver con triunfar en la vida. El otro día, también twiteaba esa misma frase, y tuve varias contestaciones al respecto.

Eres un buen espejo en el que mirarme. Has luchado durante toda tu vida por sacar una familia hacia adelante. Viviste una postguerra que en muchas ocasiones nos recordabas para hacernos valorar todo aquello que tú, junto a mamá, nos ibas dando poco a poco, con tu esfuerzo, con vuestro esfuerzo.

Aunque siempre nos disteis aquello que entraba en vuestras posibilidades, nos enseñasteis bien.

Hoy, mirando un poco hacia atrás, veo que no me pagaste un piso, que no me has dado bienes materiales innecesarios, pero tú, junto a mamá, me habéis dado todo lo necesario para poder estar hoy donde estoy, y me siento bien por ello. Me habéis dado una educación, unos valores y unas convicciones que unidas, han hecho de mí lo que yo creo que es una buena persona y alguien con capacidad para pensar y, sobre todo, alguien capaz de poner su parte para sacar una familia adelante, junto a Mª Jesús. Habéis conseguido, con aquellas pequeñas cosas del día a día, que sea hoy una persona feliz en su vida y pueda compartirlo...

Por eso, hoy quiero felicitarte, y decirte que me siento orgulloso de ti. Me siento orgulloso de que seas mi padre, que si volviera a nacer, querría volver a tener un padre como tú.

Espero que yo haya conseguido que también tú te sientas orgulloso de mí.

De regalo, un vídeo, de alguien que siempre te ha encantado, y habla de los gastos del colegio, algo con lo que te vi rompiéndote la cabeza en más de una ocasión... Gracias.



Felicidades papá.

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domingo, 25 de abril de 2010

Papá, que tengo que hacerlo yo y no tú...

Siguiendo con el tema de Sant Jordi, hoy quiero contarte algo que, como viene siendo habitual, me sorprende e incluso me arranca alguna risotada...

En el colegio de los críos, para celebrar ese día tan especial para los catalanes, tan especial, que nuestro des-gobierno autonómico no lo marca como festivo en el calendario, la dirección pide a sus alumnos que lleven algo relacionado con la festividad.

Da para mucho, Libros, rosas, Sant Jordi, dragones, princesas, castillos... Bueno, lo que se te antoje...

En nuestro caso, mi mujer, con unas hueveras, pintura al agua, una cartulina, unas pelotas de ping-pong, un rotulador indeleble, un poquito de pegamento y cinta americana, se sentó con los críos para que hicieran unas cabezas de dragón. Ellos lo pintaron de la forma que a ellos les pareció, decidieron cómo querían los ojos y, ayudados por su madre, hicieron unas cabezas más que aceptables. Bueno, qué te voy a decir yo, me parecen geniales...

Lo divertido del asunto es la muestra de objetos que llevaron los niños de cuatro, cinco y seis años. Bueno, algunos, creo que ni siquiera yo sería capaz de hacerlos, aunque eso dice bien poco, porque soy bastante inútil en cuanto a trabajos manuales se trata, siempre me han dicho que yo, más que dedos, tengo po**as, porque todo lo que toco, lo jodo... Bromas aparte... Es para flipar las curradas que se pegan algunos padres para que sus hijos lleven un castillo cojonudo, un dragón de barro que ni Joan Miró, dragones de papel... Como diría Jesulín, dos palabras IM-PRESIONANTE...

Y yo pienso... ¿Esto no es para que los niños estimulen su imaginación y otras habilidades y hagan lo que les parezca? ¿Qué hacen los padres? ¿A qué juegan? Luego los miran, los objetos, digo, y se sienten orgullosos... ¿De quién? ¿De sus hijos? ¿De ellos?

Afortunadamente, hay maestros de escuela que piensan que el que tiene que ser mostrado como ejemplo magnífico de cómo un niño pone manos a la obra es, precisamente, lo que él haya hecho, aunque a nuestros ojos adultos pueda parecer lo más horrible del mundo, porque a sus ojos y a su forma de ver, es el artículo más bonito que puede hacer un crío normal...

La sensación que te queda, como siempre, es que algunos padres, no se preocupan de sus hijos, se preocupan de lo que los demás van a pensar sobre ellos... O sencillamente no entienden las instrucciones de los colegios, que también podría ser, porque corre cada adulto por ahí, que hasta se le caen las cáscaras de las pipas al suelo cuando están sentados en un banco...

Llega el calor... Llega la Camilocura

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viernes, 12 de febrero de 2010

¿Qué esconden nuestras abuelitas?

Cuando recordamos o vemos a nuestras abuelas, se despierta en nosotros un sentimiento entrañable. Yo debo recordarla, ya que hace unos cinco años que nos dejó. Si cierro los ojos, soy capaz de verla todavía. Soy capaz de escuchar su voz. La distingo. Recuerdo con cariño tantas y tantas cosas. Una abuela, después de una madre, es, posiblemente, la persona que más cariño nos da en este mundo.

Pero no nos engañemos, detrás de esa inocencia, detrás de esa sonrisa y ese amor, se esconde una bestia parda. Sí, sí... No quiero quitarles su lado santo, pero ahora me entenderás.

Estos días he aprovechado para marujear un poco y para llevar e ir a recoger a los niños al cole. Allí me he encontrado con abuelitas. Como la mía. Unos amores con sus nietos. Pero...

Caso 1. Compra en el mercado.

El otro día fui al mercado. Si, claro, a comprar. No me vayas a hacer tú la típica pregunta que te hace un conocido cuando, después de mucho tiempo sin verte, se encuentra contigo en un supermercado:

"Hombreeeeeeee... Cuanto tiempoooooo... ¿Qué haces por aquíiiiii?"

...

Joder, pues qué voy a hacer... comprar... ¿A qué voy a venir a un supermercado? ¿A tomar unas copas?

Me centro. Estaba en el mercado. Había pedido la tanda en la carnicería. Tenía unas tres personas delante de mí. De repente, llega una abuelita. Empieza a mirar el "género" de la vitrina... Se queda ante el mostrador, mirando, buscando algo... El tendero pregunta "¿Quién va ahora?" La abuelita le pregunta a ver si tiene cordero, él le responde que sí, y antes de que nadie pueda decir algo, ya le ha pedido... En cuanto le dices algo, hace como si no te oyera, hasta que al final, con cara de malos amigos, te suelta un "sólo quiero eso, además, nadie ha dicho nada cuando él ha preguntado"... Claro, como es una señora ya entrada en años, pues no quieres discutirte... Así que se va tan campante, con su cordero y las otras dieciocho cosas que ha pedido.

Caso 2. En el cole

Cuando los niños son todavía pequeños, no les dejan salir a la hora de marchar a casa, si no viene alguien a recogerlos. Normal. Claro. Las clases tienen unos 25 niños. Nosotros tenemos que ir a 3. Lo clásico en estos casos es entrar cuando abren las puertas del colegio. ¿Crees que la gente entra ordenadamente? Pues no. Mira que eres iluso. Las mamás, que son mayoría, entran a toda pastilla. Si no llevas cuidado, te atropellan. Entonces se monta una cola ante la clase. Afortunadamente, yo, con mi metro setenta y pico, despunto entre ellas y, para las poquitas veces que me ven en el cole, las maestras "sueltan" a los niños aunque no me toque.

Pero estábamos en el caso de las abuelitas. Aquí hacen lo mismo que en el mercado. Sin darte cuenta, han metido la cabeza por delante tuyo, han dicho el nombre de su nieto/nieta y entonces te han metido el cuerpo entero. Tú dices algo, pero como si lloviera. No te hace ni puñetero caso.

Seguro que tú tienes más anécdotas como estas, en las que una abuelita se convierte en un auténtico lobo...

Aunque, cuidado, mi abuelita era la mejor. Gastaba un cuarto y mitad de mala uva si la buscabas, pero joder, yo era guapo a sus ojos. Era inteligente. Vamos, que cuando iba a su casa engordaba, y no por el bistec de medio quilo y el súper plato de patatas que me daba, si no por lo bien que hablaba de mi con todo el mundo...

La echo de menos...

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